El coltán y los móviles de sangre

Cada día, durante más de 15 años, la mayoría de los dispositivos electrónicos y en especial los móviles a nivel mundial se han manchado de sangre. Es algo que pocos conocen, pero que forma parte del mercado actual, debido a la explotación y tráfico del coltán.

El coltán, uno de los metales más importantes y costosos, es utilizado para la creación de microchips, semiconductores y demás elementos que forman parte de todo los móviles. Apple, Nokia, Huawei; los más grandes productores de estos dispositivos los fabrican con o sin conocimiento de ello.

Luego llegan a las manos de los consumidores, los cuales los utilizarán sin saber su procedencia y, con ello, su origen de sangre.

¿Qué es el coltán?

El coltán un mineral de color negro azulado, que proviene de la mezcla de dos metales: la columbita y la tantalia. El nombre se deriva de la combinación de los prefijos de ambos.

Este mineral es extraído de la misma manera que el oro o el diamante: desde los yacimientos de los países que lo poseen. Actualmente estos están en Brasil, Colombia, Venezuela, China, Mozambique, Afganistán, entre otros. Sin embargo, el mayor productor de coltán a nivel mundial es el Congo.

La nación posee aproximadamente 12 yacimientos enormes, de donde se extrae el 80 % del coltán utilizado en todo el mundo. Al ser el Congo un país con una violencia desatada, dominado por grupos armados y en constante pobreza, el tráfico del coltán no es el adecuado.

La sangre del coltán

Todos los yacimientos en los que se extrae coltán son liderados por grupos armados. Estos obligan a los trabajadores a conseguirlo, amenazándolos y asesinándolos.

La sangre del coltán

Una gran parte de quienes trabajan en estas minas son, además, niños pequeños, cuya edad ronda los ocho años. Cuando los yacimientos se quedan sin trabajadores, los grupos armados buscan a nuevos en las poblaciones cercanas, secuestrándolos. La paga por las labores es ínfima.

Ahora bien, es precisamente en la extracción en donde inicia esta marca de sangre. No existe forma actual de controlar la violencia en las minas, ni tampoco es posible evitar tal problema ya que el país en sí mismo se mantiene bajo su control.

El viaje del coltán

Pero para llegar a formar parte de los móviles de sangre, el coltán tiene varias «paradas» en las que se intenta eliminar su procedencia ilegal.

Después de que se extrae, el coltán es llevado a las casas de comercio ubicadas en el mismo país, pero en las ciudades más importantes. Los propietarios se encargan de comprar el metal a precios muy bajos.

A partir de aquí comienza la exportación. Empresas encargadas de esta tarea buscan al coltán en el Congo y, luego de limpiarlo y procesarlo, lo llevan a los países compradores en los que serán utilizados para los distintos dispositivos electrónicos.

La penúltima estación son las empresas encargadas de refinarlo. Luego, estas lo venden a aquellas compañías de renombre, las cuales lo transforman en microchips y demás partes de los móviles.

Sin regulación

En ninguna de las paradas del coltán, surge el proceso de investigación para conocer su origen. Puede que este se sepa en las primeras, pero una vez que es exportado y luego refinado, ya no existe forma de saberlo.

Esta falta de regulación es dependiente de un contrato verbal. Los compradores solo preguntan si el metal viene de zonas en conflicto o es ilegal; los vendedores, obviamente, pueden asegurar que no es así.

Al final, el producto que tanto se desea en casa, ese móvil de última generación, es solo el resultado de una larga cadena de mentiras, con un mineral manchado de sangre.

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